Habitar la Tierra Baldía

Todo proyecto creativo implica, en sus comienzos, el desafío de habitar la Tierra Baldía, ese lugar inhóspito donde sopla el viento de la desgracia y la vista no alcanza a otear más que llanuras polvorientas. Al menos, así es como ocurre en mi experiencia, y en esta ocasión no ha sido diferente: hace ya más de tres meses que alumbré este espacio y he pasado la mayor parte del tiempo envuelta en la incómoda sensación de vagar por un terreno pedregoso e infértil.

El maravilloso mundo de WordPress

Mi principal fuente de frustración han sido las interminables peleas con WordPress. Tenía muchas ganas de probar esta plataforma, sobre la que había escuchado maravillas durante muchos años. Sin embargo, y a pesar de la ilusión (y la humildad y la paciencia y la mente abierta) con que abordé el reto de aprender a utilizarla, no me ha podido ir peor.

No comprendo en qué mundo WordPress tiene fama de fácil e intuitivo. Encontrar una plantilla que, simplemente, no me avergonzara me ha llevado una cantidad inconfesable de tiempo, descargas, formatos horrorosos, soluciones únicamente al alcance de quien se pague la versión PRO, increpaciones a los cielos y, sobre todo, por qués desesperados. ¿Por qué la plantilla que me he descargado no se parece en nada al modelo con que me la han vendido? Acostumbrada a Blogger, todavía no me puedo creer que personalizar elementos tan sencillos como el tipo de letra requiera tamaña odisea de plugins y tutoriales en inglés.

Como para mí es importante visibilizar el proceso que se esconde tras la escritura de este blog, debo confesar que la batalla contra las plantillas ha llegado a paralizarme por completo, haciendo que me planteara, incluso, si el proyecto no me venía demasiado grande. Después de tanto tiempo publicando de manera cotidiana, me resultaba profundamente desalentador no conseguir que las entradas fueran medianamente navegables. ¿Acaso había apuntado demasiado alto al apostar por un dominio propio? ¿De qué servía fotografiar y escoger con mimo las imágenes si no hacían más que desconfigurarse y desconfigurar un texto apenas configurado en sí mismo?

Las desgracias nunca vienen solas

Y mientras habitas la Tierra Baldía, les encanta arremolinarse a tu alrededor.

No puedo decir que, al menos esta vez, no haya intentado evitarlo. Sabía que no podía hacer coincidir el nacimiento de este blog con ningún otro comienzo, reto o momento de especial exigencia en mi vida, si no quería verlo relegado a segundo o tercer plano nada más empezar. Por eso, escribí varias entradas con antelación, e intenté solventar el diseño en vacaciones: todo para esquivar el vértigo de septiembre.

No lo conseguí. Y en septiembre empecé en un nuevo trabajo y mi hija empezó la escuela infantil. Eran dos novedades llamadas a simplificar nuestra vida, pero no han tenido ese efecto de manera inmediata. De hecho, nos la han complicado mucho más.

Nuevas rutinas, nuevos horarios, nuevos contextos. El regreso de las noches toledanas mientras la peque procesaba el cambio. Mis expectativas, absolutamente desproporcionadas (para variar), frustrándome una y otra vez. La incapacidad de encontrar el justo medio entre lo que me gustaría y lo que puede ser. La rabia, la pena, las ganas de mandarlo todo a la mierda. La esperanza de que, a partir de la semana siguiente, todo iría mejor. Y así, semana a semana, hasta llegar a diciembre.

Y, de repente, una flor

Sobrevivir a la Tierra Baldía es sencillo y complejo a la vez. En realidad, solo tiene un secreto: no rendirse, que es precisamente lo único que apetece hacer. Lo difícil es seguir vagando sin rumbo aparente, atravesar los mismos páramos, mirar con nuevos ojos el lecho polvoriento y confiar en que, de alguna manera, todo ese trabajo inútil, toda esa ridícula perseverancia, dará su fruto.

Así fue como, un día entre otros tantos, encontré la plantilla que necesitaba: se llama Blocksy, es 100% personalizable y no tiene versión PRO. ¿Había estado ahí todo ese tiempo? Es posible. ¿No la encontré antes porque no tenía que encontrarla? Tal vez. El caso es que, para entonces, tenía ya una idea tan clara de lo que quería que, en cuanto vi un diseño que encajaba con el que había imaginado, me faltó tiempo para descargarme la plantilla y borrar todas las demás.

Sé que mi victoria, sin embargo, se reduce a una única batalla, porque es cierto que WordPress tiene muchas opciones de diseño interesantes, y porque el blog que imagino todavía requiere mucho trabajo. Sin embargo, la época de pasar hambre y sed y unos sudores terribles para que el proyecto dé sus primeros pasos ya ha terminado. Lo que otras veces me llevó un par de tardes ahora me ha costado tres meses, pero bueno, lo importante es haberlo conseguido.

Por otro lado, también soy consciente de que mi vida nunca va a ser el remanso de paz que me gustaría para poder dedicarme a escribir. Y ni siquiera lo necesito. Poco a poco voy acostumbrándome a las nuevas rutinas, comprendiendo qué me exigen y qué me ofrecen a cambio. Después de pasar todo este tiempo quejándome porque nada es como planeaba, he recordado que las cosas nunca son como planeo, porque planear se me da fatal y porque la Vida siempre tiene otros planes. Y aunque me siento bastante idiota por haber vuelto a caer en el error de siempre, sigo dispuesta a enmendarme, también como siempre.

Y así es como, en mi experiencia, la Tierra Baldía comienza a florecer.


Y tú, que lees estas palabras, ¿reconoces esa sensación de habitar la Tierra Baldía? ¿En qué momentos de tu vida suele asaltarte? ¿Cómo consigues (si es que lo haces) sobrellevarla?

Gracias por compartir tu opinión, sobre este y otros temas, a través de los comentarios o en tu propio blog o red social.

Y si crees que esta entrada podría interesar a otras personas, ¡no dudes en compartirla!

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