¿Todavía tiene sentido abrir un blog?

Empecé a escribir mi primer blog en 2004, el mismo año en que nacía WordPress. Por aquel entonces, las bitácoras eran una novedad en castellano y muchas plataformas todavía llevaban un nombre relacionado con la palabra “diario”: era el caso de LiveJournal, donde mis primeras entradas salieron a la luz.

Fue mi prima Olivia, que ya llevaba algún tiempo blogueando, quien me descubrió ese universo que pronto se volvería imprescindible para mí. Y creo que nunca se lo agradeceré lo suficiente, porque revolucionó por completo mi escritura y, con ella, uno de los pilares más importantes de mi vida.

Confieso que el formato me resultó irresistible desde el principio. Entre otros motivos, porque me daba la posibilidad de combinar unos géneros a los que me había entregado con avidez desde la adolescencia: diarios, cartas, ensayos. Gracias al blog, mis palabras tendrían la oportunidad de volar lejos del angosto cajón de mi escritorio, de las manos cómplices de mis amigas. Catapultadas hacia la libertad, comenzarían la búsqueda de su propio destino.

Desde entonces, nunca he dejado de escribir. La primera versión de aquel blog ya no existe, pues lo borré en un intento de «hacer limpieza»; pero aún sigue en pie la segunda versión. Luego llegó Encantada, con quien mi memoria mantiene un idilio, y a quien, durante un tiempo, le salió un apéndice de color verde. Y después, en un intento de replegarme sobre mí misma y renacer con mucha más fuerza, acabé escribiendo el blog que nunca habría planeado escribir, el que me ha acompañado en los momentos más duros, junto al que tanto he aprendido.

Todavía hoy, ante la perspectiva de empezar de nuevo, siento mariposas en el estómago. Sin embargo, han pasado ya quince años de aquella primera vez. Y me pregunto si, en pleno reinado de youtubers, instagrammers e influencers en general, tiene sentido emocionarse por algo así. ¿Seguirán mis palabras volando lejos, o terminarán encerradas en un irrelevante cajón virtual?

Cada vez que me surge la duda, vuelvo a escuchar, alta y clara, esa carcajada que retumba en mi interior. Mis dedos tiemblan, mis ojos se humedecen y el aroma del té embriaga mi paladar. La duda queda resuelta; mi cuerpo me demuestra, nuevamente, que no tengo otra opción.

Escribir, para mí, está lleno de sentidos.

Y hoy, como siempre, le dan alas a mi blog.


Y a ti, que lees estas palabras, ¿te parece que todavía tiene sentido abrir un blog? En la era de las redes sociales, ¿crees que merece la pena emplear más de cinco minutos en leer una entrada?

Gracias por compartir tu opinión, sobre este y otros temas, a través de los comentarios o en tu propio blog o red social.

Y si crees que esta entrada podría interesar a otras personas, ¡no dudes en compartirla!

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